Agradecimientos

Un lugar sin límites, de Arturo Ripstein



(para Nicanor Parra) 

Demos las gracias 
en este domingo tropical lluvioso
al Cristo redentor del Chile austral

tan apartado de aquí.

¡Qué sería de nosotros 
sin tanta redención!

O tan poquita fe.



Severine, la de Buñuel

sí que la tenía,

si no, no se hubiera metido a meretriz.



¿Quién no ha sabido 
lo que es romperse el corazón?

Cuando se vuelve pesada 
la tinta en el papel,

una sandía de 3 kilos que alguien martilla

con el puño cerrado.



Soy barroca, 

acabé con los frutos de la estación,

fui  expulsada de la ciudad

por un autobús pintado con grafittis.


Ahora bien,
de los inventos que ha hecho el hombre

el más importante ha sido

la sagrada máquina de escribir,

lo dijo Allen Ginsberg, 
y se hizo Dios

El mismo  que con la piedra 

nos moldeó a todos; 

al individuo en su soliloquio,

y en su debido momento 
 

nos introdujo el alma,

la chispa del lenguaje

que no ha servido de mucho,

pero ha servido de algo.



Para conseguir el amor

-por mencionar lo más inocuo-
una seña
en este trópico lluvioso, 
 
Dios hizo de las suyas

y sigue haciéndolo.


Por eso, demos las gracias

porque no nos dio la nieve,

si no, esto sería un desastre

ya bastante tenemos con la lluvia,

cuando estrepitosa

inunda nuestro mundo de barajitas.


Gracias.