“Si escribiera poesía como la de Pasternak, no me habría hecho cineasta”
    - Andrei Tarkovski

iOLA MaReS -5 POEMAS



http://lasmalasjuntas.com/2011/09/02/cinco-poemas/

SOY VERTICAL



Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con las raíces en la tierra,
absorbiendo minerales y amor maternal
para que cada marzo florezcan las hojas, 
ni soy la belleza del jardín
de llamativos colores que atrae exclamaciones 
                                                          de admiración
ignorando que pronto perderá sus pétalos. 
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y una flor aunque no tan alta, es más llamativa, 
y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra. 

Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas, 
los árboles y las flores han derramado sus olores         frescos. 
Camino entre ellos, pero no se dan cuenta. 
A veces pienso que cuando estoy durmiendo 
me debo parecer a ellos a la perfección,
oscurecidos ya los pensamientos. 
Para mí es más natural estar tendida. 
Es entonces cuando el cielo y yo conversamos 
con  libertad, 
y así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí.

Silvia Plath
(de Cruzando el agua)






Testamento (Miyó Vestrini)



Te preguntan,
¿a quién dejarás tus cosas cuando mueras?
Entonces miré mi casa y sus objetos.
no había nada que repartir,
salvo mi olor a rancio.
Y la rata.
Ésa que permaneció hostil y silenciosa,
esperando que ocurriera.
Inútil darle de comer
y suavizar su cama con jabón azul.
La esperé cada noche,
ansiosa de ver cómo sus largos bigotes
dejarán de esconder los dientes puntiagudos y depredadores.
Allí estuvo,
mirada astuta
y silencio de esfinge,
esperando que mi sangre corriera.
Vana espera.
La muerte llegó de adentro
por primera vez, calmada y definitiva.
Escribí en la pared su nombre,
para que el último golpe de sol,
a eso de las diez de la mañana,
pusiera sombra en mi testamento:
“La rata no permitió que viera la primavera”.
Después de muerta
hice la lista.
Una cena en el mejor restaurante
para Ángeles y Carlos.
Mis libros, mis inéditos guiones para José Ignacio.
Mis sueños para Ibsen.
Mi tarjeta Abra para Ybis.
Mi carro para Alberto.
Mi cama matrimonial para Mario.
Mi memoria para Salvador.
Mi soledad para la Negra.
Mis discos de Ismael Rivera para la Negra.
Mis poemas titulados “Granada en la boca” para la Negra.
Mi dolor de adolescente y madre, para Pedro.
Mis cenizas, para Ernesto.
Mi risa para Marina.
La noche anterior,
le había dicho a Ángeles y a Carlos,
si no puedo dormir,
escogeré la muerte.
El pernil de cordero estaba tan sabroso
que no me hicieron mucho caso.
Recuerdo que en una esquina de Chacao,
ella me abrazó y le dije,
el próximo viernes los invito yo.
Su cabello corto
y su felicidad por habérselo cortado,
me hizo entender que no era yo la apaciguada madre de Carlos.
Apoyé mi mejilla sobre su hombro.
Fue algo de segundos,
pero sentí que con la tijera sobre su melena,
algo se había ido.
Algo que no llevaba su nombre,
rondaba ahora las noches de insomnios y alcohol
en el barrio de la familia.
Morirse deliberadamente,
requiere de tiempo y paciencia.
Evocas la muerte gratuita de un hijo,
cosa que a ti nunca te sucedió.
La pérdida de objetos
y el silencio de una casa devastada,
tampoco te sucedió.
El dedo feroz de un enemigo señalándote
como un ser despiadado.
Pasa pero no es mortal.
Dos partos,
diez abortos
y ningún orgasmo.
Una buena razón.
El silencio de tu compañero cuando le preguntas,
¿por qué ya no me quieres?
¿Qué hice?
¿En qué fallé?
Y luego el recorrido por aquellos espacios silenciosos
y vacíos,
con tu presencia encorvada,
torpe.
Constatas que no hay jabón para lavar
ni favor para planchar
y a lo mejor
esas naranjas están podridas
Entonces recuerdas
una terraza a las siete de la mañana,
sobre el mar,
y alguien diciéndote,
le tengo miedo a las alturas
pero te amo.
Y luego,
el regreso a la ciudad
y la mazacumba de un hombre desnudo y alegre.
Piensas de nuevo en lo deliberado.
No es azar.
No es venganza.
Es tu mano
de palma sudada,
tocando su muslo.
Remontando un poco más
y recordando el desasosiego de tu compañero,
por la penumbra maloliente
de tu placer.
Siembre hay un antes
antes de morir.
Antes,
Quiero comerme unos tortellinis a la crema.
O tomarme un trago de Tanqueray.
O que me abracen con manos fuertes.
O, como dice, Caupolicpan,
que me pongan en presencia de Maiquetía,
la ciudad más hermosa de este país.
La deliberación entorpece la muerte.
Nadie,
que yo conozca
ha deliberado sobre su desaparición.

(Vestrini en: Díaz, 2008:96-100).

Extraído de:
Cuerpo tocado por la lengua/(La voz ruda de Miyo Vestrini)
 Gina Saraceni /USB Caracas

TORONJAS













Hablemos del destiempo,


mastiquemos la pata de cordero.
Total, se nos antoja de todo en este estado
en el que los tréboles
se nos salen del ombligo.

Colgando del árbol predecimos la función
que está a punto de empezar.

Colgando de las ramas como cuelgan todos los hechos
sin superficie alguna.

Como simples toronjas a merced del sol y la intemperie.

Iola Mares (2006)



No se lo reprochemos: el cuerpo, siendo lo que es, tiene que hacer lo que hace, tiene que querer lo que quiere ¿Vencerlo? ¿Dominarlo? Cuán pronto se dice eso (…) pobre cuerpo, inocente animal tan calumniado, tratar de bestiales sus impulsos, cuando la bestialidad es cosa del espíritu.

Luis Cernuda Ocnos (1940-1963)
  


O pensemos en los cuadros panorámicos de ciudades europeas en llamas o bajo virulentas inundaciones, pinturas que constituyen un aspecto tan curioso del arte romántico. Es como si Europa, a diferencia de otras civilizaciones, hubiera intuido que un día se hundiría bajo el paradójico peso de sus conquistas y de la riqueza y complejidad sin parangón de su historia.*
Dos guerras mundiales, que fueron en realidad guerras civiles europeas, llevaron este presentimiento al paroxismo. De ahí el moderno apocalipsis de los Ultimos días de la humanidad de Karl Kraus.
Entre agosto de 1914 y mayo de 1945, desde Madrid hasta el Volga, desde el Ártico hasta Sicilia, se calcula que un centenar de millones de hombres, mujeres y niños perecieron a causa de la guerra, la hambruna, la deportación, la limpieza étnica.
*En alemán hay una palabra que no podemos traducir, como ocurre tantas veces Geschischtsmüde, cansado de la historia. Es una palabra muy extraña e inquietante.
George Steiner (pág. 55)