A la mujer que se miraba en el río,
un ojo de la cara se le cayó.
La mujer corrió por la orilla y corrió,
mientras que el ojo adentro logró adquirir la
forma de un remolino.
Se metió de cuerpo entero a ver, a medio ver;
si con sus propias manos podía atrapar aquel ojo
escapado de su cara.
La corriente la atrapó
y el ojo inmenso se la tragó a ella
de cuerpo entero,
y al otro ojo que le quedaba.
