NO QUIERO SABER








No quiero saber de las mujeres muertas.
Saber de ellas es como morirme yo también.

En pedazos,
Por capítulos.

Es entender mi vulnerabilidad de pan y canela
 “Dame un besito y vete para la escuela”.

No quiero saber cómo funciona
la caricia de hierro del mundo.

Ni su procaz forma de desdibujarlas.
A fuerza de inútiles ordenanzas,
de una más inútil humanidad
o de la letra muerta de los libros sagrados,
o del ruido de las metralletas.

No quiero saber cómo empezó esta oración,
Ni del sufijo aquel de los demonios.
Ni mucho menos de toda declinación
con la letra A
que hiciera constelar
el resto de los días de la creación.

No quiero saber del conjuro de los héroes
ni de sus celebérrimos cojones.
Ni de las banderas convertidas en cobijas

Nada de eso sirve.

Si algo poderoso marchita a una mujer
arrebatándole la vida,
que no sea ya el mantel bordado
arrojado luego sobre todas nosotras.
Dejándonos este paisaje,
este campo de maíz en Black and White