
Yo, que a veces no sé si soy digno de creer realmente, cuando
escucho como ahora este jazz medular surcando con su ráfaga de escalofrío la
distancia que hay desde mis huesos hasta esta página; cuando la vida sobrenada
en una pulga joven, misteriosamente plena; cuando me doy cuenta súbitamente de
que, a pesar de todo, amo y soy amado; cuando vienen hacia mí, igualmente de
pronto, una verdad que yo no me he forzado en conquistar, una belleza que no he
buscado, una amistad que no esperaba, una sonrisa gratuita que no provoqué;
cuando en plena conciencia de mis límites, percibo que siempre "puedo
más" ; cuando siento que; a nivel de lo sustancial, nada está perdido si
cada día soy capaz de repetir conscientemente la sílaba vital que ahora, al
lado mío, encarna Mahalia; cuando tomo conciencia, con un agradecimiento muchas
veces instintivo, prerracional, de que, pese a los naufragios, recibo el
ser (de que, efectivamente, me lo está dando), entonces me siento invitado
(¿diría mejor: convocado?), a sentir, a creer.
Armando Rojas Guardia