Aquí estoy en mi lavamanos
en el que casi entra
mi fantasía de gata peluda
y desbordada.
Soy la dueña del ocio universal
de todos los gatos y los hombres,
sobre todo de aquellos que se dicen poetas
santificados sean sus nombres.
Tuve suerte felina para crear mi propio reino,
nacer con esta pereza atesorada;
este espacio divino para adueñarme del tiempo
y sobre todo, tuve suerte de no nacer poeta.
No me imagino por ahí
llenando los huecos de palabras
o imaginando un mundo paralelo
para no aturdirme
entre gente y gente, cosa inútil.
Mejor una certeza de sofá mullido y lavamanos
que esa presencia intermitente
y sísmica.
Mi cosmos es el sueño, no la escritura.